CAPITULO 21º

Con la llegada de los primeros rayos del sol el ambiente en el barco comienza a vibrar; el personal de servicios, desde los de limpieza y, en particular, el personal de cocinas, trata de poner a punto los preliminares en los comedores para que los camareros puedan comenzar a proporcionar a todos sus pasajeros los primeros desayunos del día. La madrugada, desde su iniciación, viene anunciando que hoy se podrá disfrutar de una hermosa mañana en la ciudad flotante que navega sobre las aguas de un tranquilo mar.

Tras una noche entretenida e “interesante” el doctor termina de inspeccionar el brazo de la pequeña, comprobando que la infección de su vacuna está remitiendo y que, además, ya no presenta fiebre lo que significa que, en cuanto su padre se presente a ver como se encuentra su hija, esta recibirá el alta y se podrá marchar de la enfermería. En el instante en que el doctor se disponía a decirle a la pequeña que todo estaba perfecto, la puerta de la sala es abierta haciendo su entrada el Capitán del transatlántico. Chena, al verle, no puede sentir otra cosa que admiración; todo en él le suscita asombro, su altura, su elegancia al caminar; para ella es un autentico héroe, un príncipe de cuentos de hadas.

El Capitán viste su uniforme de diario, una guerrera y pantalón azul marino. La guerrera lleva botones dorados de anclas cruzadas dentro de las palmas de laurel de Capitán y en las bocamangas lucen los galones y anclas cruzadas. Debajo de la guerrera una camisa blanca, corbata negra y en sus pies, al caminar se pueden ver calcetines negros del mismo color que los zapatos que, a su vez, van atados con cordones del modelo reglamentario de la Armada y Marina Mercante. Y sobre su cabeza luce una gorra de plato blanca con aro azul, galleta bordada de Capitán, carrillera dorada y en la visera un bordón como un galón dorado dándole toda la vuelta. La distinción de su vestimenta, la formalidad con la que camina, le hace parecer distinguido e imperioso, que junto a la amplia sonrisa que dibuja en su rostro le convierte, ante los ojos de la niña, en un hombre muy esbelto, tan atractivo como los príncipes de sus cuentos.

-¡Buenos días, doctor! ¡Buenos días, señorita! – Este último saludo lo pronuncia el Capitán quitándose la gorra mientras alarga su brazo para dar un apretón a la pequeña mano de la niña y continúa explicándose para que la chiquilla pueda entender su presencia.- Siempre que tenemos en el barco a una persona que no se encuentra bien, seguimos el código de conducta de a bordo, que marca a nuestros empleados unas directrices y proporciona a nuestros pasajeros la seguridad de que, en este barco, se presta atención a la seguridad y bienestar de todo el que viaja sea personal o viajeros, para prevenir males mayores. Y por tal motivo, venía a ver si existe algún problema con la salud de esta pequeña pasajera.

-¡Buenos días Capitán! – Responde el doctor.-En realidad, lo que tiene esta chiquilla es solo una pequeña molestia causada por la infección, una normal reacción provocada por el brote de las vacunas, pero la fiebre ha remitido e incluso el foco de infección ha disminuido, solo necesitara hacerse unas curas diarias y en dos o tres días esta simpática paciente estará como nueva.

-¡Oh! Me alegro. Porque hubiera sido una lástima que uno de mis pasajeros se pasara el viaje en la enfermería, no pudiendo disfrutar de todo cuanto tiene y ofrece para divertir este magnífico barco y lo que no me perdonaría es que una niña viajera que cruza el atlántico no pudiese ser bautizado por el rey Neptuno. -Esto último hace que Chena, al escucharlo, abra los ojos como platos, como si fueran a salirse de sus órbitas, mientras callada espera que prosiga el Capitán con su exposición.

-Veo intriga en tus ojos.- Dice el capitán esperando que la niña de una respuesta intuyendo que la va a tener.

-Yo ya sé quién es el rey Neptuno: es el rey del mar. – Responde Chena con determinación para que el Capitán vea que es una niña inteligente y que no necesita aclaraciones sobre quién es ese señor.

-Eso está bien. Veo por tus palabras que tienes una amplia cultura. Pero… ¿sabes por qué en el barco celebramos esta fiesta?

-Bueno, yo no soy culta todavía pero un día, si puedo, lo seré, pero palabras sé muchas…, ahora, lo de la fiesta no tengo ni idea, pero es porque soy muy pequeña. Este es mi primer viaje en un barco. Lo único que sé es que en nuestro paseo con usted el primer día, conociendo el barco, dijo algo sobre una fiesta.

-¡Vale! Comprendo lo que dices pero como tengo algo de tiempo antes de subir al puente de mando si te apetece escuchar una historia de este marinero de aguas bravas yo, con gusto, te revelo el motivo de esta fiesta– Chena, que siempre para una historia o un cuento tiene activos sus oídos, sin tardanza y con una amplia sonrisa, se acomoda en la litera en posición de sentada y se prepara para oír lo que su apuesto Capitán le quiere contar.

-Verás… según cuentan algunos viejos lobos de mar que he tenido la suerte de conocer en mis muchos viajes por lo ancho y largo de este mundo, la costumbre de la fiesta del trópico es antiquísima y es algo que celebraban los marinos de guerra, marineros civiles, pescadores e incluso piratas desde épocas remotas. La cultura de expandir y de conservar fiestas y tradiciones hacia el resto de la sociedad, ha hecho que hoy nosotros en nuestros barcos sigamos festejando esta antigua práctica como se celebran otras celebraciones en tierra firme. Tienes que saber que uno de los principales documentos que ha de tener en su poder todo aquel que se precie de ser un buen marinero, es la certificación del cruce ecuatorial, otorgada nada menos que por el mismísimo Emperador de los Mares, el Rey Neptuno… El Imperium Neptuni Regis, de los antiguos navegantes, así se le conoce.

-¿Y también el rey Neptuno da esa cosa a los piratas?…-Pregunta Chena con mucha curiosidad por saber qué valor tiene, usos y a qué autorizaciones da dicho documento.

-No tienes ni idea de lo que es un Imperium Neptuni Regis ¿verdad?

-No, pero ya le he dicho es que soy muy pequeña.

-No te preocupes porque hoy lo vas a saber. – Y cogiendo una silla el Capitán se sienta junto a la cama de su pequeña oyente para comenzar un relato:

-Para que puedas comprender un poco la importancia de este asunto, primero debes de entender que desde antaño tanto vikingos, griegos y romanos, todos hombres de mar, realizaban rituales en el paso marítimo desde ciertos puntos o tramos de los mares; estos puntos que no se ven existen porque se anotaban en cartografía, que son los mapas del mar, y hoy esos lugares los definimos como los paralelos, líneas que funcionan como las fronteras que hay en tierra pero que aquí se dibujan en el mar.Poseidón, también llamado Neptuno, era la deidad reinante en los mares en el mundo clásico, y son por tanto antiguas creencias de nuestros antepasados; por tal motivo, ellos hacían oraciones y peticiones directamente a este rey en las ceremonias de traspaso de esas líneas para festejar que todo había ido bien y para que continuando el trayecto siguiera igual de bien. Esta tradición nunca se extinguió, por contrario, sino que en la cultura náutica se ha seguido manteniendo con el paso de los siglos. Por ejemplo, existen testimonios de su práctica en las marinas imperiales de España, Portugal, Inglaterra, Alemania y Rusia, además de ser una ceremonia adoptada también por franceses, italianos y hasta navegantes orientales; ya sabes, esa gente pequeña con los ojos rasgados y que les gusta comer mucho “aloz”. -En este momento el Capitán hace una pausa para sonreír y al ver que la niña ha comprendido su broma con la palabra prosigue.- Así llegó hasta los navegantes modernos, es decir, nosotros, quienes realizamos ritos con una gran fiesta al momento de atravesar la Línea del Ecuador y que muy pronto, con este barco, vamos a surcar.- El capitán advierte que su pequeña oyente ni se mueve de lo atenta que está, por lo que él sigue con su explicación-.Pues bien, el ritual del paso por la Línea del Ecuador, ya sea por Océano Pacífico, Atlántico o Índico, no quedó reducido sólo a protocolos tradicionales de instituciones de corte marcial como son las Armadas de países que te he mencionado, sino que como te he dicho se adoptó también en el mundo de la navegación civil, comercial y deportiva, tanto para celebrar el primer paso de un navío por la Latitud, ya sabes, la frontera, como para aquellos pasajeros que debutan haciéndolo a bordo de una navegación, ganándose así todos ellos la “certificación” , un documento que entrega en mano el mismísimo rey Neptuno; el pasaporte que cualquier aventurero marino necesita para viajar por los mismos Reinos del mar y además lleva la firma del propio emperador mitológico en el documento, para que sea autentico y valido y que estoy seguro de que tú querrás poseer.

-¡Sí! Sí, yo si lo quiero. Y… ¿tengo que hacerme alguna foto para ese pasaporte? –Pregunta Chena, con animosidad y con ganas de saber cómo obtener un documento con tanta valía.- Pues para salir de mi país y entrar en España he tenido que hacerme algunas fotos porque dicen que sin un documento no puedes viajar. Mi papá ha tenido algunos problemas con mi documentación, que por lo visto, algunos papeles han sido arrancados de no sé qué libro en el que esta inscrita y por eso, unos señores le decían que yo no existo pero… ¿Cómo no voy a existir? ¿Es que no se me ve? … Y así, ahora tengo dos pasaportes, uno chileno con mis hermanos y otro español con mis padres. – Chena encuentra muy interesante lo que le ha contado el Capitán; la mención de un documento que le permita la entrada en los Reinos de Neptuno la ha hecho pensar que teniendo un salvoconducto de esa categoría ella podrá andar con total libertad por cualquier isla en búsqueda de su tesoro sin que nadie la pare e intente llevársela a un cuarto como se llevaron a sus padres en el centro de aduanas.

-No, por Dios. Para conseguir el documento no necesitas más que ponerte buena y estar presente ese día y que como te digo será en poco tiempo.- Esto último lo dice levantándose de la silla con la intención de marchar al haber comprobado que no tiene que preocuparse por la imprevista recaída de su infantil pasajera-. Como veo que todo por aquí está en orden, ustedes me disculpen; doctor, señorita, yo me voy retirando a continuar con mis obligaciones. ¡Buenos días! Y espero verte pasado mañana, en la cena de honor, habrá baile.

Y mientras el Capitán va saliendo por la puerta, a poco se da de bruces con la enfermera que procede a entrar en ese mismo momento y que con gran pericia trata de sujetar una bandeja en la que trae un reparador desayuno para la pequeña paciente.

-¡Buenos días! ¿Qué tal se encuentra nuestra niña enfermita? Traigo un delicioso desayuno para que puedas recuperar fuerzas.

-¡Qué bien! Tengo mucha hambre, es que anoche casi no cené, no tenía apetito, pero hoy sí.

-¡Estupendo! – Pronuncia el doctor al ver tanto ánimo en su paciente-. Bueno, pues te voy a dejar con la enfermera para que desayunes tranquila y mientras voy a preparar tu alta médica, que seguro que está al caer que alguien de tu familia venga a por ti.

Al momento de salir el doctor, la niña ya estaba dando buena cuenta de un tazón de leche con galletas pero mientras lo hacía algo le bailaba en la cabeza. Eran las últimas palabras pronunciadas por el Capitán antes de marchar: “Espero verte pasado mañana, en la cena de honor” ¿Qué es una cena de honor?…En ese momento se queda mirando a la enfermera que sentada junto a ella, sonríe al ver como la chiquilla come las galletas con voracidad.

-¿Puedo preguntarle una cosa?- Es que, al despedirse el Capitán me ha dicho que espera verme en no sé qué cena de honor y yo no sé lo que es una cena de honor.

-Es normal que no lo sepas porque eres muy niña y seguramente, por tu edad, este es tu primer viaje en un barco. Pero tienes que saber que al embarcar en un magnífico transatlántico para realizar un viaje atravesando el Océano Atlántico, no solo vas a dar paseos por sus amplias cubiertas y disfrutar de los magníficos espacios públicos, como la sala de juegos para niños, la playa con piscina y terraza, lugares que tenemos no solo para los adultos sino que también están preparados para los niños. Espacios del barco que invitan a una forma de ocio sólo posible en una moderna flota como la nuestra, ya que aquí se pueden hacer todas las cosas que se hacen en tierra y una de ellas es la de celebrar en el transcurso del viaje fiestas y bailes. Pasado mañana, al ser día de gala, te veo bailando valses en el salón de baile veneciano que tenemos reservado para los días con cena de honor. Es una experiencia con la que la mayoría de la gente solo puede soñar, pero tú la vas a poder ver y disfrutar porque esos días a la clase turista y a los niños se les permite estar en el salón veneciano de primera clase, que de normal no tienen permitida la entrada la clase turista y menos los niños. Además, esas noches, se exige a todo el que acuda al baile cumplir el código de vestimenta a bordo y así todos, personal y pasajeros, nos vestiremos de gala.

-¡Caramba! – Dice la pequeña con cara de asombro, aunque pronunciada esta exclamación la pequeña parece sumirse en la preocupación, algo que la enfermera ha podido notar claramente.

-¿Te pasa algo? Te ha cambiado el semblante, ¿te preocupa alguna cosa?

-Es que… verá…En la tarjeta de abordo vienen unas indicaciones sobre cómo nos debemos comportar los pasajeros mientras estemos en el barco y también indican la vestimenta recomendada para acudir al comedor. Me lo ha dicho mi papá, porque yo todavía no sé leer muy bien, pero en esa tarjeta dice que tenemos que ir bien vestidos por todas las zonas del barco y guardar eso que ha dicho usted “el código de vestimenta”. Pero yo solo tengo ropa de normal, no tengo ningún vestido de princesa para una noche de fiesta. Sabe, toda mi ropa se ha quedado en mi casa de Chile; mi mamá dice que en España nos comprará ropa, pero si no tengo vestido de fiesta igual no me dejan entrar, como le pasaba a Cenicienta cuando quería ir al baile y no tenía que ponerse.

La enfermera después de escuchar a la pequeña no puede sentir otra cosa que ternura, ella ya sabe que la niña es una pasajera repatriada por la documentación que el padre les entregó para rellenar la ficha médica. En sus muchos viajes a bordo en este transatlántico ha conocido muchas historias de pasajeros y sabe que no es lo mismo ser un emigrante o un repatriado que un viajero en tránsito por ocio o por negocios. Los repatriados, como los emigrantes, tienden a no llevar mucha ropa para dejar lugar en sus maletas a recuerdos como fotografías u objetos. Prefieren prescindir de la ropa pues muchos saben que tardaran mucho o que nunca volverán al lugar del que han partido y los objetos que portan les servirán con el tiempo de vínculo de unión con aquello que dejan. Y con acento dulce y para tranquilizar las dudas de la pequeña, la enfermera trata de explicarle lo más fácil posible lo que se entiende por “el código de vestimenta”.

-Desde ahora mismo, yo ya te digo que no vas a necesitar de ninguna hada madrina para acudir al baile. Mira… Existen tres tipos diferentes de noches a bordo de un transatlántico: informal, elegante casual y formal. Las pautas sugeridas para estar en el barco se exigen para guardar el decoro y el respeto a las buenas formas, al fin y al cabo esto es una ciudad solo que más pequeñita. Así, en la piscina, puedes estar en traje de baño porque es lo habitual, pero en el resto de cubiertas se pide que la gente vista de forma casual pero con respetabilidad. Las noches de gala, a los hombres se les pide que vistan de traje y corbata a ser posible, y vestido formal para las mujeres, pero no se necesita llevar un traje de largo y, aquí viene lo que te interesa, a los niños solo les pedimos que disfruten bailando y que se porten como buenos niños, nada más.

-¡Ah! Qué bien, entonces no hay problema, todo el mundo dice que yo soy una niña muy buena y procuro serlo porque, sabe, a las niñas buenas todo el mundo las quiere.

La enfermera sonríe pensando que no tiene duda de que la pequeña que tiene delante poca malicia ha de tener y aunque se la ve despierta y algo traviesa, como sumo se la puede entrever como una niña inquieta y con ganas de saber.

En ese instante de la conversación entre ambas, a lo lejos se escuchan voces en la zona de entrada al dispensario y a pocos segundos abriéndose la puerta, se ven aparecer las figuras del doctor junto al padre de Chena que entra mirando a su hija mientras va desplegando una amplia sonrisa.

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Ya ha pasado un día desde que la pequeña fuera dada de alta. Es mediodía, antes de la llamada al primer turno para almorzar, y una muchedumbre de pasajeros llena ya completamente las cubiertas del barco de un lado y otro, y toda la familia de la niña disfruta de estar en la zona llamada terraza de playa junto a la piscina. Chena, recuperada, sin fiebre y con su brazo izquierdo protegido por una venda y envuelto en un plástico, se halla encajada en un flotador que a su vez está atado a una cuerda y sujeto a la escalera de la piscina. La pequeña disfruta de un baño metida en el agua de la piscina; sus gritos y chapoteos se confunden entre los de otros tantos niños que, como ella, gozan; unos nadando y otros metidos en flotadores.

-No os he comentado nada, pero espero que no os importe que esta noche cene con nosotros mi amigo Guerniquès. El hombre, la verdad, es que no ha tenido demasiada suerte en la vida, prácticamente se encuentra solo y no me refiero a solitario al viajar, sino desolado, triste y sin parentela. Creo que necesita tomar contacto con seres que le aporten algo más que conversación y quisiera hacerle ver y sentir que forma parte de una familia, de mi familia

-¡Claro! Todos necesitamos, cuando nos encontramos solos un poco de calor humano, de compañía. Que se siente a cenar con notros esta noche y los restantes días hasta finalizar el viaje, que donde caben nueve hay sitio para diez. –Responde el tío de Chena levantándose para ir a ver como se encuentran los niños en el interior de la piscina.

Mientras, Guerniqués se halla en la sala de lectura y escritura de primera clase. Él es un hombre rico y por tanto viaja en primera clase, no como su amigo y familia que viajan en turista. El salón rezuma por todas partes comodidad y lujo: alfombras, varios divanes y vitrinas con elegantes espejos e incluso en las paredes cuelgan cuadros originales o copias de pinturas de algún artista. Pero todo este lujo a él le sobra. Después de una noche de insomnio y tras la larga conversación que mantuvo con su amigo en el salón de fumadores, al día siguiente decidió no salir, no quiso comer ni cenar, ni caminar por el barco y así estuvo encerrado en su camarote consumiendo barbitúricos para el dolor que le provocan no solo sus recuerdos sino su maldito muñón.

Desde que decidiera dejar de tomar cocaína, la privación gradual de la droga en un principio le hizo tener deseos de provocarse una muerte voluntaria; él prefiere darle ese calificativo al común nombre del suicidio. Lo malo de abandonar el habito de la cocaína es que los dolores, tanto físicos como psíquicos, vuelven acarreando un malestar mayor que en algunas ocasiones no es capaz de soportar y necesita esconderse del mundo para no ser visto.

Su médico, en Santiago, al comunicarle su intención de desintoxicarse de tomar cocaína, le recomendó pasar un tiempo en un sanatorio para limpiarse, pero el resolvió que lo podía llevar a cabo sin la ayuda de nadie. -Usted, supongo que sabe que el hábito de utilizar sustancias como las drogas es fatal para cualquier ser humano. – ¡El muy sinvergüenza!, durante un tiempo estuvo diciéndomelo. Cada vez que acudía a su consulta después de darme la charla, sin más preámbulos, me facilitaba “la receta del narcótico”, así lo nombrábamos. Primero me daba la parrafada médica y luego, tras yo extender un cheque por una sustanciosa cantidad, me vendía la cocaína, y lo hacía como un usual traficante de estupefacientes. La verdad, es que en ese momento toda su conciencia de medico honrado emprendía el vuelo y desaparecía no sin antes indicarme que la cocaína era de la buena, refinada en laboratorios clandestinos en Bolivia. Un autentico cínico.

-Es droga de confianza.- Decía el muy granuja cuando me la pasaba. Pero qué diablos… ¡droga de confianza! ¿Qué droga puede ser de confianza? Aunque la coca fuera conocida por los indios Incas desde épocas inmemoriales no es para tenerla confianza. La coca, un arbusto sagrado cuyas hojas al masticarlas, ponen eufóricos y alegres a los individuos. No sabía nada de ella hasta que uno de mis trabajadores me habló de que su uso era obligatorio entre los indígenas nobles y sacerdotes de su pueblo cuando realizaban ritos en no sé qué monte sagrado ¿Cómo lo llamaban? ¡Ah, ya recuerdo! Lo llamó huaca. Y así me fui interesando por la coca y sus efectos y con la ayuda del “buen doctor” comencé a tomarla para olvidarme de mi dolor físico y también del sufrimiento de mi espíritu, pero las consecuencias de este vicio al cabo de un tiempo se tornan pésimas y tristes.

El primer aviso que tuve de que la cocaína me estaba arruinando como persona fue cuando noté que me estaba volviendo idiota, sin memoria, con alucinaciones y que, desesperadamente e inconscientemente, iba buscando la muerte. Aunque solo quería abandonar el mundo de los vivos durante un tiempo, mi intención nunca ha sido el suicidarme, por si algún día ocurriese un milagro. ¡Oh! Pero que estupidez, ya vuelvo a delirar…ellas nunca volverán, están muertas.

– Existe una predisposición natural al suicidio en ciertas personas, pero usted, se está convirtiendo en un potencial psicópata porque solo busca encontrar un método para escapar de su encrucijada convirtiéndose en un drogadicto que, si no le pone fin, puede acabar llegando al delirio, al delito o al asesinato. – No, si razón no le falta a ese maldito doctor. Los deprimidos consumen estimulantes para salir de sus penas, pero mi pierna necesita algo más para quitar este maldito dolor, así que al ir disminuyendo la dosis de coca comencé a tomar la Dolantina. Aunque es un producto químico parecido al Opio para mi es necesario y en algunos momentos necesito aumentar la dosis y por abusar de ella, hoy se me ha terminado. Debí de darme cuenta y pensar que con lo que me recetó ese crápula de doctor no me iba a llegar para todo el trayecto hasta España. Tal vez necesite ir a enfermería y tratar este tema con el doctor o, mejor, con la enfermera que parece una buena mujer. Supongo que algo me podrán recetar para este descomunal dolor…