La zona resguardada del muelle, en donde se encuentra asegurado el transatlántico tiene un muro de contención artificial, una defensa hecha para aguantar y frenar las aguas que ascienden en forma de batidas olas y que desde que se construyó ha sido de mucha utilidad cuando se produce una fuerte resaca en el mar, suceso habitual e inevitable en algunas épocas del año. El atracadero, tiempo atrás, únicamente se pensó, se levantó, para retener la altura normal de una marejada y así, con la posterior construcción del dique se consiguió, tan solo en esa parte del puerto, una mayor protección para la flota pesquera y los barcos de ultramar frente al vivo oleaje, quedando el resto de embarcaciones, de menor tamaño e importancia por su valor, situadas en otras zonas del muelle a merced de su suerte. El rompeolas fue construido en horizontal y ubicado a la izquierda mirando hacia la dársena, cuya forma es similar a la de una herradura abierta, quedando por ello el puerto algo desabrigado, expuesto a los vientos que llegan del norte y noroeste los cuales, desafortunadamente, suelen a veces traer, sobre todo en otoño e invierno, una extraordinaria violencia cuyos efectos suelen ser catastróficos.
El transatlántico de acero, en donde se halla embarcada la niña, tiene capacidad para disponer acomodo para más de mil pasajeros, sin contar con la tripulación que es de 720 personas aproximadamente. La compañía de nacionalidad italiana, dueña del buque, prima con esencial cuidado de la seguridad a bordo de todos sus transitorios viajeros y empleados, motivo por el que hoy se ha dado aviso a todos por medio del personal de la tripulación, para que todos, viajeros y tripulantes, extremen las precauciones y procuren no salir a la cubierta del barco ante la tempestad que se avecina y que lleva anunciando su presencia con negros nubarrones desde primeras horas de la tarde. Desde entonces ha ido empeorando el tiempo aumentando, no sólo el viento y la lluvia, sino también el ambiente, que hace horas se nota húmedo y frío.
En el camarote donde está alojada la familia, situado en la popa del barco, se puede observar desde su portilla oval cómo la mar se agita y anuncia que aumenta el oleaje. A pesar de encontrarse el buque a resguardo, se nota un mínimo balanceo del mismo, que se hace cada vez más destacado y a poco, el cielo que se divisa por el ojo de buey comienza a presentar un aspecto espantoso. Las nubes que se ven son muy oscuras y voluminosas, presagiando que, de un momento a otro, se va a declarar una fuerte inestabilidad y esta depresión del tiempo en esta época suele caracterizarse en la costa por la potencia e intensidad de los vientos, que no sólo ya se comienzan a escuchar en forma de fuertes silbidos, sino que el impulso de los mismos desde hace un rato se está haciendo notar con ráfagas que chocan bruscamente contra el buque.
-Bueno, ¿qué os parece si os cuento un cuento? – Dice el padre a sus hijos y lo hace, para que estos dejen de mirar por el ojo de buey. Llevan un rato mirando alarmados y haciendo alborotados comentarios con una tremenda excitación.
Hace unas horas que todos ellos terminaron de comer las frutas y el chocolate que el camarero les proporcionó en su breve expedición por el barco, además de haber dado buena cuenta a las ricas tortas de aceite que quedaban en la caja. Para ponerse más cómodos, todos se han colocado sus prendas para dormir pese a ser algo temprano para acostarse, aunque en parte unos y otros, empiezan a acusar los primeros síntomas de cansancio por la jornada que llevan a sus espaldas, por las horas de viaje y por la larga espera para embarcar. Pero el mal temporal que se está desplegando afuera les posee, les tiene totalmente entretenidos; todos se alternan movidos por la curiosidad mirando por la claraboya, sobre todo los niños que algo nerviosos e hipnotizados, continuamente se asoman para observar lo que sucede en el exterior y lo hacen con tremenda expectación.
-¡Bien! ¡Vale! Papa, cuéntanos una de esas historias que tú sabes, una de princesas y castillos, – Dice la hija mayor, cortando en ese mismo momento una conversación que acababan de empezar los dos hombres del clan familiar.
-¡No, mejor una que hable de piratas! – Apunta la niña pequeña mientras piensa en el cofre lleno de joyas que según la bruja un día ella tendrá en su poder.
El niño, sentado en una cama, comienza a dar palmitas con sus pequeñas manos diciendo: ¡Que lo cuente, que lo cuente! Este acto lo ha visto hacer a sus hermanas muchas veces y en este momento le ha parecido que era el instante más propicio para imitarlo.
-Si, venga, distráenos a todos con una de tus historias. – Dice la madre entrando en la conversación, a la vez que se levanta para empezar también a mirar con mucha preocupación por el ojo de buey.
-Bueno, sentaos, poneos todos cómodos. –Lo dice mirando con ternura a sus tres hijos y a sus dos sobrinos que, con caras sonrientes y avivándole con sus griteríos, esperan el inicio de su relato- Como veo que todos estáis muy interesados en escuchar una de mis narraciones, os voy a relatar un suceso verídico, un hecho histórico. Es un episodio de una triste aventura, protagonizada por españoles, a bordo de un antiguo barco de la primera guerra mundial y que como os digo ocurrió de verdad. Habéis de saber, mis pequeños oyentes, que estamos en el exacto lugar donde esa historia tuvo su final y el principio de otras muchas historias, pero eso a nosotros no nos interesa. Prestad atención, no perdáis ni ripio de lo que os voy a relatar y pensad que cuanto os voy a contar ocurrió de verdad, –con un carraspeo tratando de aclarar la voz comienza el padre a decir :
-”Sobre las 5 horas de la mañana, el día 3 del mes de Septiembre de 1939, al despuntar el alba, el sol ,escondido, aparecía con su luz para avivar con todo su resplandor a un limpio y azul cielo, pues quería lucir engalanado en esta hermosa bahía. A lo lejos, desde la costa, se atisbaba un viejo y roído barco que, como he dicho antes, había estado dando esforzadamente y penosamente su servicio en la primera guerra mundial, trasladando soldados franceses. Pero ese día de Septiembre, ese día, en sus bodegas y en su cubierta lo que transportaba, lo que trasladaba esa vieja embarcación, era una delicada, una triste, una muy difícil y pesada carga. Lentamente, se acercaba para arribar en esta tierra, en esta misma hermosa bahía en la que ahora casi veintinueve años después, nosotros nos encontramos, con este turbulento y borrascoso fin del día…”
El padre hace una pausa para mirarles a todos, para dar más afectación a sus palabras; sus hijos saben que cuando su padre les relata un cuento describiéndolo con tanta calma y tacto para que lo comprendan, las preguntas se formulan al término de la historia, así se la concibe mucho más emocionante, sin que una interrupción pueda sacarles a todos ellos del argumento y hacerles que se pierda el hilo de la historia. Luego, con todos los datos, ya concluida la narración, ellos podrán realizar todas las preguntas que quieran.
-“Asomaban miles de rostros desde la cubierta del veterano barco, niños y adultos, ansiosos por llegar al puerto de Valparaíso. Eran personas que escapaban del horror de una guerra en la que durante unos años se habían estado matando entre hermanos. Un millón de muertos en menos de tres años, ese fue el resultado, el reflejo de un conflicto por la necedad de unos hombres y para todos los demás, ¡un pueblo! la desgracia, el penar y la tragedia para sus vidas. ¡La guerra civil española!… el drama de España que aún duele como una herida abierta. Sabed, que durante todo el tiempo que duro la guerra pasaron terribles años sangrientos de invadir pueblos y ciudades, donde murió mucha gente; primero se capturaban pueblos y, más tarde, eran perdidos en cruentos combates; todas esas luchas fueron efectuadas por personas que se alistaban como soldados de uno y otro lado de los dos bandos… Y, os recuerdo por si lo habéis olvidado, como os he dicho, todos los que se estaban matando eran hermanos, hijos de una misma nación… Durante un tiempo las luchas entre ellos parecían estancarse, nadie retrocedía, ni nadie avanzaba, pero eso sí, mucha gente moría mientras otros huían. Y una proclama se escuchaba por las calles con voces desgarradas: “Debemos jurar hermanos que antes morir que consentir tiranos”…Esta es una consigna repetida en la historia de este planeta, enormemente coreada y dicha en varios idiomas porque a nadie le gusta ni ser, ni vivir tiranizado, es decir, a nadie le gusta ser un esclavo… Si la frase no la entendéis ahora no importa, porque llegará un día que vuestro sentido de libertad la hará comprensible… En esa guerra muchas personas murieron por defender sus ideas, pero otros prefirieron escapar; el exilio es la lógica de la supervivencia y siendo libre cada persona elije su lucha, cada uno debe de poder distinguir esa batalla por la que merece la pena combatir y quizás morir.”
El padre vuelve a hacer una pausa y se sonríe al ver los ojos infantiles de los niños. Algunos reflejan la intriga, pero los ojos de su hija menor brillan de una forma especial, parece como si fueran a llorar.
-“Al término de la contienda, muchos de los vencidos: hombres, mujeres y niños tuvieron que escapar, huyendo lo más rápido posible sino corrían riesgo, podrían ser apresados o fusilados tan sólo por sus ideas…Y os vuelvo a repetir que todos ellos eran hermanos, pero hay personas que les gusta someter y doblegar, no les gusta dialogar, prefieren oprimir y dominar. Estando así las cosas, algunos hombres, mujeres y niños, escaparon con lo puesto abandonando cuanto tenían, lo único que importaba eran sus vidas y emprendieron su huida hacia tierras de Francia, país fronterizo con España. Cruzaron y caminaron por agrestes montañas en busca de amparo y refugio, aunque no todos consiguieron su objetivo; pero al menos, fueron libres en sus esperanzas mientras lo intentaron. Algunas de esas personas, de los que lograron llegar al país francés, recibieron ayuda de la mano de un importante escritor y poeta chileno, que además había sido enviado como cónsul a París, capital de Francia.” –Interrumpiendo su relato lanza el padre una pregunta a sus absortos oyentes: ¿Sabéis lo que es un cónsul?- los niños, en silencio, mueven sus cabezas haciendo gestos de negación.
-Bueno, pues un cónsul no es más que una persona que representa diplomáticamente a un país en una nación extranjera. Luego si tenéis alguna duda lo comentamos… Como os decía: “En esa hermosa ciudad. París, consiguieron entre unos y otros bienhechores reunir un dinero con el que compraron un barco carguero. Así fue como adquirieron un viejo navío de carga francés con capacidad para 20 personas. Su nombre: “Aguas fangosas”. Se trabajó en la noche y el día para prepararlo, transformando sus bodegas para el acomodo de 2.300 almas, supervivientes de la guerra civil española. Y un día, todos partieron de un puerto francés esperando recibir la ayuda de los pueblos americanos. Durante un mes, las personas que viajaban en el carguero permanecieron conviviendo hacinados en las bodegas, convertidas en dormitorios, esperando que en los puertos que arribaran se les permitiese abastecerse de víveres para poder continuar con su periplo que les llevaba rumbo a tierras donde iniciar una nueva vida. Sabéis niños… El país que os vio nacer, fue el único país que no los dejo de lado y los quiso acoger. Aquella carga de seres humanos que transportaba el “Winnipeg”, era rechazada en todos los puertos a los que llegaban y ningún país quería darles asilo. Se les tildó por la prensa en los periódicos de la época de ser escoria, de ser el despojo social que huía de España, de no ser más que enfermos e inútiles para la sociedad. Pero el pueblo chileno, abriendo sus brazos, los acogió a todos ellos. Llegaron a este puerto cuando los alimentos empezaban a escasear. Los pescadores y gentes de diversa condición a horas muy tempranas en un sinfín de embarcaciones, incluso desde la costa, sabiendo que llegaban, salieron a su encuentro para darles la bienvenida. Con gritos y vítores les recibieron, tan solo los saludaban, dando honra así a la dignidad de todos ellos…porque así es como deberíamos tratarnos entre los humanos, entre seres hermanos, así es como se acoge a quien sufre guerra y hambre, a quien arrastra un dolor inmenso no quedándole otra salida que la huida de la tierra que les vio nacer.”
Llegado el relato a esta altura de la historia el padre comprende que es algo difícil de asimilar o entender para unos niños tan pequeños todo el contexto de su narración, por lo que decide concluir con la historia añadiendo que el viejo carguero francés, después de dar servicio a estas gentes, efectúo un último viaje de vuelta de América, donde fue tocado y hundido por los alemanes en el Océano Atlántico, por desgracia se había declarado una nueva guerra, la peor de todas ellas, la segunda guerra mundial. Una guerra donde la locura de los hombres estuvo desatada hasta tal punto que se ejecutaron los más criminales instintos humanos.
-¿Pero bueno, como les cuentas estas historias a los críos? No ves, son aún muy niños, no tienen capacidad para comprender. –Le espeta un tanto seria la mujer a su marido, a lo que le responde éste algo airado diciéndole si cree que es mejor contarles a los niños cómo un padre abandona a su hijo en el bosque, como en Pulgarcito o referirles cómo una madrastra manda a un cazador a matar y arrancar el corazón a su hijastra, cómo en Blancanieves… Y ante esta respuesta se hace un silencio en la estancia.
-Niños, nunca dejéis que la ira y el odio os alcance… ¡Nunca! -Les dice el tío que estaba escuchando, callado hasta ahora, rompiendo así el incomodo silencio que se ha impuesto entre todos ellos.
Los dos niños pequeños prácticamente se han quedado dormidos, tumbados encima de la litera; la hermana mayor está mirando a su padre y madre observado sus reacciones. En cambio a Chena se la nota conmovida y que no ve el momento de lanzar al aire todas las preguntas que bullen en su cabeza mientras que el mayor de los chicos se ha quedado como pensativo. En ese mismo momento se escucha sonar un fuerte estampido que hace que toda la familia menos los pequeños brinquen en sus asientos. En el interior del camarote se empieza a oír cómo un intenso aguacero golpea el casco del barco y por la claraboya entra el resplandor de rayos y relámpagos que se suceden anticipándose con sus descargas eléctricas a los estruendosos ruidos de los truenos. Es la evidencia de que el tan avisado temporal se precipita en forma de una importante tempestad y parece que está llegando a su apogeo, desatando toda la furia y fuerzas de la naturaleza contra la costa y, por ende, contra el transatlántico.
-¡Tranquilos!- dice el padre al ver la preocupación en los ojos de los niños– Aquí estamos a refugio y seguros del intempestivo temporal, el buque es de acero y si es capaz de navegar por océanos embravecidos, una borrasca ruidosa no lo va a tumbar. Y bueno, creo que todavía no he dicho…fin de la historia, pues dicho queda. ¿Alguna pregunta?
Chena levanta la mano con ímpetu, su curiosidad, mezclada con la ignorancia sobre algunas de las palabras que su padre ha pronunciado hacen que contemple la historia que acaba de escuchar más como un drama sentimental, como una aventura de película, que como un hecho real. En cambio, su hermana se muestra pensativa, parece reflexiva y el padre, antes que atender a su hija pequeña interpela a la mayor.
-Te veo muy preocupada ¿Te ocurre algo, mi niña?
-¡Sí! Me da miedo la guerra. Yo no quiero morir y eso que has dicho de la locura de los humanos… ¿Podría yo volverme loca y matar a alguien?
-Haces bien, hija mía, en tener miedo y es normal. Sabes, a mí también me provoca turbación tan sólo escuchar la palabra guerra y bajo ningún concepto quisiera ver otra. La que yo viví, la vi con unos ojos aun mas infantiles que los tuyos. Sentí el terror, la angustia y el dolor en las miradas de los adultos pero no recuerdo haber visto entre ellos a la locura. Tranquila, siempre que tengas el control de tu mente, razonando y siendo consciente de que tus decisiones y actos afectan a la vida de otras personas; si piensas en ello, es porque te importa su dolor tanto como el tuyo propio, así nunca podrías volverte loca. Madura siempre tus ideas, recapacita en tus errores y en los de los demás y si te preocupas por las demás personas de tu entorno antes de tomar cualquier decisión, será la mejor manera de vivir tu vida, de sentirte orgullosa y de tener tu conciencia serena ante todo lo que digas y hagas. Acuérdate de estas palabras y antes de dejarte llevar piensa y razona. Ahora, eres aun muy niña pero puedes empezar y de hecho ya lo haces, al reflexionar sobre lo que te rodea.-Haciendo una pausa mira a sus dos hijas y continua.- A ambas os conviene observar, escuchar y veréis que de esta forma se aprende a entender y razonar. Un día encontrareis cada una vuestro propio equilibrio, los valores y principios que yo intento enseñaros como mejor puedo, no siempre se aprenden sin antes vivirlos. Puesto que sois muy distintas seréis dos enfoques diferentes al existir pero todo cuanto os rodea servirá para formar vuestra mente y habréis de coincidir al menos en un punto, no lo olvidéis, es el más importante, ese punto será el respeto, sin respeto no hay nunca amor. La mente es poderosa, será vuestra guía y a la vez fiel compañera para toda vuestra vida. Ella será vuestra mayor protección ante la locura, procurar instruirla y hacerlo siempre en la imparcialidad.
-Pero…papa ¿Qué hicieron con toda esa gente una vez que se bajaron del barco?-pregunta la pequeña interrumpiendo, sintiéndose impaciente y ajena al discurso que su padre les está dando sobre todo porque algunas de las palabras que utiliza, para ella, en su corto lenguaje, son incomprensibles.
-Bueno- el padre se sonríe, asumiendo, que tal vez lo dicho hace un momento, por él, encierra una cierta complejidad de la que sus hijas aun no son lo suficientemente conscientes, pero eso no le importa, el sabe que un poso de lo que les ha dicho quedará en sus mentes y procede a responder a la pregunta de Chena–como os he dicho antes, a todas esas personas, no sólo las recibieron con los brazos abiertos, sino que además de darles cobijo y trabajo, se les ayudó económicamente para que pudieran comenzar una nueva vida en esta tierra. ¡No es maravilloso! Si en este mundo pusiéramos cada uno un poco de nuestra voluntad por mejorar las condiciones de vida de los que peor lo pasan, si tan sólo pudiéramos borrar de nuestra memoria los egoísmos, las injusticias, las ansias de poder, los odios, las venganzas, los convencionalismos y los muchos prejuicios por los que a menudo nos guiamos como seres imperfectos que aún cometiendo errores, no sólo los reconoceríamos sino que seríamos capaces de remediarlos. El humano, las personas que habitamos el planeta Tierra tendríamos la mayor de las oportunidades, la más grande de las riquezas, vivir la vida sin peleas, luchas y guerras. ¡Sería maravilloso!, ¿verdad?
Al momento, un fuerte estruendo vuelve a poner a toda la familia frente a la claraboya y, desde luego, lo que por ella se puede ver es de todo menos tranquilizador. La madre, que acusa el cansancio, decide que por hoy ya se han acabado las historias y que deberían intentar dormir, pues como diría su marido y utilizando su forma de ver la vida, mañana les espera otro gran día.